«Las literatas. Carta á Eduarda» (1866) — Ficha de fuente primaria

Obra propia, nivel 1 de la jerarquía. Leída entera: son tres páginas, las 56 a 58 del Almanaque de Galicia para 1866, y se han leído en el facsímil, línea a línea.

Certeza: alta para lo que el texto dice. Y hay una salvedad de método que no se puede saltar, y va antes que las citas: el texto es una carta firmada por una tal Nicanora, y Rosalía añade al final que se la encontró por la calle y decidió publicarla. Son dos capas de ficción, y lo que diga «yo» ahí dentro no es automáticamente autobiografía. Se discute abajo.


Cómo se localizó

Digitalizado por Galiciana, Biblioteca de Galicia (Xunta de Galicia). Dominio público. El facsímil no tiene capa de texto: se ha leído sobre la imagen.

Ficha de catálogo, consultada el 06-09-2026: «Las literatas / Rosalía Castro de Murguía», Lugo, Imprenta de Soto Freire Editor, 1865, pp. 56-58, en el Almanaque de Galicia: para uso de la juventud elegante y de buen tono, dedicado a todas las bellas hijas del país (Lugo, Soto Freire, 1863-1867), año tercero, 1866. Registro BDG20200000242, signatura 29.

El subtítulo del almanaque merece leerse dos veces, porque es el envase: un texto sobre lo que le cuesta a una mujer escribir, publicado en una revista dedicada a todas las bellas hijas del país.

Y una nota práctica que ya va por la tercera vez. Galiciana sirve un desafío anti-robots, la Hemeroteca Digital de la BNE está tras Cloudflare y la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica rechaza toda consulta a su buscador de texto completo. Ninguna de las tres hemerotecas del Estado se deja consultar por medios automáticos. El facsímil se obtuvo por el espejo de Wikimedia Commons, que declara la procedencia de Galiciana. Es un aviso para el barrido de recepción que este caso todavía necesita.


Lo que dice el documento

El consejo con el que abre, y que es el título entero del asunto:

«No, mil veces no, Eduarda, aleja de ti tan fatal tentacion, no publiques nada, y guarda para ti sola, tus versos y tu prosa, tus novelas y tus dramas: que ese sea un secreto, entre el cielo, tu, y yo.»

La atribución al marido, que es el hallazgo:

«pero… ¡ay de ti entonces! ya nada de cuanto escribes es tuyo, se acabó tu númen, tu marido es el que trabaja y tú la que firmas.»

Y a renglón seguido, hablando de sí misma:

«Yo, á quien sin duda un mal génio ha querido llevar por el perverso camino de las musas, sé harto bien la senda que en tal peregrinacion recorremos. Por lo que á mi respecta, se dice muy corrientemente que mi marido trabaja sin cesar para hacerme inmortal. Versos, prosa, bueno ó malo, todo es suyo, pero sobre todo, lo que les parece menos malo, y no hay principiante de poeta, ni hombre sesudo que no lo afirme. ¡De tal modo le cargan pecados que no ha cometido!»

El techo territorial, dicho desde dentro en 1866:

«¿pero cómo creer que ella pueda escribir tales cosas? Una mujer á quien ven todos los dias, á quien conocen desde niña […] ¿puede discurrir y escribir cosas que á ellos no se le han pasado nunca por las mientes, y eso que han estudiado y saben filosofia, leyes y retórica y poética, eccétera?… Imposible, no puede creerse á no ser que viniese Dios á decirlo. ¡Si siquiera hubiese nacido en Francia ó en Madrid! ¿pero aquí mismo?… ¡Oh!…»

Y la palabra:

«…con el objeto de que digan que tiene una esposa poetisa (esta palabra ya llegó á hacerme daño) ó novelista, es decir, lo peor que puede ser hoy una muger.»

Más: que a las escritoras se les dice «que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos, si lo tienen, y si no aunque sea los del criado»; que «los hombres miran á las literatas peor que mirarian al diablo»; y que hagas lo que hagas pierdes, porque si hablas eres «bachillera», si callas eres «fátua», si te apartas «estás loca» y si te gusta la sociedad «pretendes lucirte».

El cierre, y las dos firmas:

«Hé aquí bosquejada de prisa y á grandes rasgos la vida de una muger literata. Lee y reflexiona: espero con ánsia tu respuesta.—Tu amiga, Nicanora

«Paseándome un dia por las afueras de la ciudad, hallé una pequeña cartera que contenia esta carta. […] Perdóneme la desconocida autora esta libertad, en virtud de la analogia que existe entre nuestros sentimientos.»

ROSALIA CASTRO DE MURGUÍA


Qué documenta, y qué no

Qué documenta, y es mucho. Que en 1866, impreso y en circulación en Galicia, existe una descripción en primera persona del mecanismo de atribución marital, escrita por la mujer sobre la que se estaba ejerciendo: tu marido es el que trabaja y tú la que firmas. Y que la autora dice que eso se decía corrientemente de ella.

Que la palabra «poetisa» le hacía daño, dicho por ella y en 1866, cuando es exactamente la palabra con la que el canon la ha nombrado desde entonces.

Y que el argumento contra su autoría no era literario sino de procedencia: haber nacido en Galicia y no en Francia o en Madrid.

Lo que este documento NO prueba

No prueba que a Murguía se le atribuyera realmente su obra. Prueba que ella escribió que se decía. Documentar la atribución pide otros papeles (prensa de la época, correspondencia), y este proyecto no los tiene.

No prueba que «Nicanora» sea Rosalía. El texto es una carta de un personaje, publicada por Rosalía con la excusa de habérsela encontrado. La lectura autobiográfica es la corriente y es razonable (el marido escritor existe y se llama Murguía), pero es una lectura, no un dato, y aquí se marca como tal. Y una corrección del mismo día, que hay que dejar escrita: esta ficha sostuvo durante unas horas que «para publicar esto hizo falta no firmarlo». Es falso. En ese mismo número del Almanaque Rosalía firma con su nombre otras dos colaboraciones («Tipos gallegos. El cadiceño», pp. 37-41, y un poema dialogado, pp. 73-77), y el índice la lista entre las «Señoras». El desdoblamiento no es ocultamiento sino recurso retórico, y el argumento es limpio: la carta dice «no publiques nada» y ella la publica. Lo desmonta Lama (2024) con el índice del almanaque en la mano.

No prueba nada sobre su recepción posterior, que es justamente lo que el caso necesita para sostener la domesticación. Este documento es de 1866 y el mecanismo que se le atribuye está en el siglo y medio siguiente.


Lo que le hace al corpus

Fuimos a buscar domesticación y encontramos atribución marital. El resultado honesto de esta lectura es que el documento no da a DM su primer caso principal: no habla de cómo se la recordó, habla de cómo se la leyó en vida.

Y aporta algo que el corpus no tenía: la voz de la borrada, contemporánea del borrado. María Lejárraga cuenta lo suyo en 1953, casi cuarenta años después y ya viuda; Oliva Sabuco no tiene voz ninguna, solo aparatos oficiales. Aquí la descripción del mecanismo es de 1866, está impresa, y la firma (a medias) la propia afectada.

Para elevar esta ficha

  • El barrido de recepción, que es lo que decide el caso: presencia y adjetivación comparadas en la prensa gallega y en la española. Bloqueado por medios automáticos, ver arriba. Pide navegador.
  • El prólogo de Follas Novas (1880), donde vuelve sobre lo mismo quince años después y ya sin máscara.
  • Correspondencia de Murguía, para ver si la atribución que ella denuncia deja rastro en alguien con nombre.

Enlaces